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 Ignacio M. Altamirano



En estas escuelas que eran y son de bajos recursos no hay instrucción, ni moral, ni nada que preparara un provenir a la juventud, por consiguiente el indio no aprendía a leer y eso explicaba su estado actual de barbarie y de abatimiento. 

Durante la colonia en las escuelas del campo solo se enseñaba la doctrina cristiana, o para hablar con más propiedad, los rezos más insignificantes y que se hacían recitar de memoria a los niño, estos rezos eran, el Bendito, el Padre Nuestro, el Credo, el Ave María y los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia y como no se les enseñaba al mismo tiempo el castellano, el aprendizaje de estos rezos era perfectamente inútil, pues no los comprendían.


Esto sucedía por que los alcaldes solían abrir una escuela para que se enseñaran los rezos de los catecismos o el subdelegado desterraba o mandaba engrillado en una mula al maestro de la escuela, regularmente era un pobrecillo mestizo que había aprendido a leer en la ciudad, y a quien la miseria obligaba a convirtiéndose en maestro de escuela, además desempeñaba por necesidad el empleo de sacristán, notario del cura, barría la iglesias, arelaba los ornamentos, confeccionaba las ostias, ayuda en la misa, era cantor, componía el monumento del jueves santo y el Belén en noche buena, enseñaba a rezar a las novias   y sus horas de ocio el infeliz tenía obligación de divertir al cura, al vicario y a la ama de llaves y su   sueldo variaba desde cinco pesos al mes hasta veinte.

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